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Día 3. Llega muy pronto el día más esperado para muchos de nuestros alumnos. ¡Es sábado y nos vamos a Londres!

El día amanece blanco pero muy soleado en Salisbury, aunque anuncian lluvia en la capital.  A las 9.30 estamos todos en el bus y durante dos horas disfrutamos del bello paisaje nevado que hace más agradable el trayecto.

A las 11.30 ya estamos en la capital londinense, donde para nuestra sorpresa  ¡luce el sol! Nada más bajar del autobús, nos topamos con uno de los símbolos más populares de la ciudad:el London Eye. Al fondo se ve (o más bien se intuye) el Big Ben, que desde hace un año se encuentra escondido entre un inmenso amasijo de hierros que hace que la estampa desluzca bastante. Pero nuestros chicos están encantados de estar aquí y después de decenas de selfies, posados y más posados, iniciamos nuestra ruta.

Cruzar el puente de Westminster, atestado de turistas que se mueven en masa en ambas direcciones, se convierte en una auténtica odisea. Afortunadamente, las profes hemos desarrollado ya una técnica infalible anti-pérdida de alumnos: mientras MªJose avanza a la cabeza, paraguas morado en alto a modo de estandarte, Gloria y Rosario van a la cola a modo de coche escoba recogiendo alumnos que, ajenos al riesgo de poder perderse, se paran a mirar souvenirs, hacerse fotos o simplemente bromean con sus amigos sin mirar por donde va el grupo.

El recorrido nos lleva por la Abadía de Westminster y Downing Street hasta Horse Guards Parade, donde llegamos justo a tiempo para ver el cambio de guardia.

A continuación, atravesamos St. James’ Park, donde las diferentes aves del lago y las ardillas que se cruzan por el camino, unidos a la bella luz que proporciona el sol, nos obligan a parar para tomar fotos que inmortalicen el momento.


Y llegamos a Buckingham Palace, residencia oficial de la Reina. Fotos y más fotos. Pero los chicos empiezan a tener hambre, así que nos dirigimos hasta Piccadilly Circus, donde les dejamos 2 horas de tiempo libre para que puedan almorzar,  hacer sus ansiadas compras y disfrutar del animado ambiente de lugares como  Leicester Square o Chinatown.

Son las 16.00 y los chicos van apareciendo cargados de bolsas y caras sonrientes ante la fuente de Cupido de Piccadilly Circus, punto de encuentro para continuar la visita. Tenemos 40 minutos para atravesar el centro y llegar de nuevo a Westminster, donde cogeremos el barco que a través del Támesis nos llevará  hasta Tower Bridge.

Una nueva odisea y es que moverse a través de la ciudad con 39 adolescentes no es nada fácil.»¡Andad más rápido ! ¡No os paréis a comprar! ¡Cuidado con el semáforo! ¿Al servicio ahora? ¿No te puedes aguantar? ¡Qué no llegamos!»

Pero sí, por los pelos, pero lo logramos. Todos estamos a bordo  y, cámara en mano, preparados para el paseo que pondrá la guinda al día de hoy. Son las 16.45 y empieza a oscurecer. El sol se va, pero la ciudad se viste de color. Todos los edificios y puentes emblemáticos de la ciudad se iluminan y muestran una imagen totalmente distinta a la de la mañana. ¡Hasta los andamios del Big Ben tienen su puntito!



Pasamos por Millenium Bridge, vemos el Globe Theatre, St. Paul’s Cathedral y, en la City, edificios como el Gherkin o el Shard. Desafortunadamente, todo lo bueno siempre se hace corto y al fondo ya vemos Tower Bridge, que aunque es la estrella del crucero y luce precioso iluminado, anuncia el fin del viaje.

Es hora de volver a casa. Son las 17.30h y aún nos esperan dos horas de camino a casa.Ha sido un día intenso y exprimido al máximo que todos recordaremos por siempre.

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